Desde siempre se ha pensado que vivir
en una zona rural era más sano que
vivir en la ciudad, pero desde que se
hacen mediciones de la contaminación
atmosférica este mito se ha desvanecido.
En primer lugar tenemos un Gobierno Central
negacionista del cambio climático que no
piensa hacer nada para frenar las emisiones
de gases contaminantes: monóxido de carbono
(CO), óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido
de azufre (SO2), gas metano (CH4)…, responsables
del efecto invernadero y de la formación
del ozono troposférico. Y el Gobierno
Autonómico no sólo no ofrece transportes
públicos eficientes, sino que potencia el uso
de vehículo particular en la ciudad, sin importarle
el precio que paga la ciudadanía por vivir
en ambientes nocivos para la salud.
Esta contaminación, que se produce en las
zonas urbanas, llega al área rural gracias a las
corrientes de aire marinas; ese solano tan
refrescante cuya presencia agradecemos casi
todos los días. Este es un caramelo envenenado,
ya que con las altas temperaturas y la
luz solar se produce una reacción fotoquímica
que genera una de las partículas más oxidantes
que se conocen: el OZONO
TROPOSFÉRICO (O3).
El O3 tiende a descomponerse en las zonas en
las que existe una alta concentración de NO,
es por eso que se concentra más en las zonas
rurales colindantes a las grandes ciudades.
La legislación Europea que data de finales 90
se ha quedado obsoleta y demasiado permisiva.
Hay estudios epidemiológicos recientes ,
de series cronológicas, que han demostrado
que se producen efectos contra la salud en
concentraciones muy por debajo de los
120microgramo/m3 que establece Europa.
Los efectos sobre nuestra salud son: deficiencia
respiratoria, inflamación pulmonar, asma y
enfermedades broncopulmonares , además
de ser muy nocivo para la piel, llegando a
provocar cáncer en personas que no utilizan
protección solar y estan expuestas al sol
sobre todo en los días de mayor radiación.
Altos niveles de O3 tambien pueden dañar la
vegetación. Dificulta su crecimiento y la fructificación
de las plantas, mermando sustancialmente
la calidad de las cosechas. Los cultivos
más sensibles al O3 son las lechugas y
los tomates, en los que se aprecian puntos
negros en hojas y frutos, además mueren
antes las plantas.En las masas forestales se
da una mayor mortantad de arbolado adulto
y tienen mayor dificultad en la absorción del
dióxido de carbono, dificultando por tanto la
fotosíntesis.
El gobierno europeo hizo unos estudios y
alertó a los paises del Sur de Europa para que
adoptaran medidas con el fin de reducir las
emisiones causantes del maléfico O3. Se dieron
una serie de ayudas económicas para
fomentar el transporte público y frenar el uso
de vehículos particulares, a la vez que instó a
los paises miembros a poner una serie de
puntos de medición y control de calidad del
aire, todo ello contemplado en la Ley de
Calidad Ambiental. Dicha legislación obliga a
los estados miembros a elaborar planes de
mejora de la calidad del aire y que tengan
dotación presupuestaria para llevarlos a cabo.
Podéis seguir los valores de contaminación
del aire en la web de la Generaliat- Medio
Ambiente-Calidad Ambiental-Red de
Vigilancia de Calidad del Aire. Villar es uno de
los municipios donde más veces y más fuerte
es la acción
nociva del

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